jueves, 2 de julio de 2020

Carlos Villanueva, un musicólogo en la edad jubilosa


El profesor Carlos Villanueva Abelairas, catedrático de Hª de la Música de la Universidad de Santiago de Compostela, se jubila al acabar este curso 2019-2020. Pensamos que se trata de una
 jubilación con júbilo (dos conceptos de la misma raíz) por al menos tres motivos. El primero tiene que ver con su larga y espléndida trayectoria como profesor universitario, musicólogo, músico y gestor. El segundo porque, siendo persona muy familiar, ganará tiempo para su vida privada. Y el tercero, a nuestro juicio, por la curiosa coincidencia de que precisamente hace tan solo unos días le fue concedido el prestigioso galardón Grupo Compostela-Xunta de Galicia. Este premio es una iniciativa del amplio conjunto de universidades de todo el mundo que se unen bajo la etiqueta “Grupo Compostela” y la Xunta de Galicia. El premio está dotado, además de con una cantidad en metálico, con una concha de oro que ya nos indica su perfil y sus intereses, pues tal elemento es uno de los atributos imprescindibles en la imagen del peregrino. Las bases aclaran los méritos que se valoran cada año y que determinan la concesión a “una persona o institución destacada por su labor en favor de la unidad europea, la preservación del patrimonio cultural del Camino de Santiago y de sus valores, símbolo y origen de la creación del concepto de Europa”. 

A poco que se conozca la trayectoria del profesor Villanueva se admitirá que este premio resulta extremadamente merecido. Esto nos lleva a recordar hoy algunas de sus aportaciones en el terreno de la música en el Camino de Santiago, así como lo concerniente a la iconografía de los instrumentos del Pórtico de la Gloria. Esta última línea se tradujo en un ambicioso proyecto de construcción y uso de dichos instrumentos. 

El interés de Villanueva por la música en el Camino no es cosa reciente. En 1980 salió un disco del Grupo Universitario de Cámara de Compostela –formación creada pocos años antes y dirigida por él– que incluía cantigas y piezas del Calixtino. Fue premiado en 1982, fecha del vinilo de Hispavox titulado La música en el Camino de Santiago. Este LP recoge sus propuestas interpretativas para varias piezas de las Cantigas de Santa María, del Calixtinus, de la polifonía de la catedral de Santiago y del Cancionero de la Colombina. Villanueva y el Grupo Universitario realizaron más grabaciones con esta temática o con otras afines que no vamos a detallar, aunque si dejamos constancia de que algunos de estos registros en vinilo se han reeditado en CD.  Pero con haber tenido estos discos una notable aceptación, el trabajo de Carlos Villanueva con el Grupo Universitario de Cámara se proyectó intensamente a través de conciertos celebrados en auditorios de Europa, África y América. Suele recordar el profesor Villanueva una exitosa actuación en Berlín, ciudad que le causaba mucho respeto por ser consciente del alto nivel que ya tenía allí en aquellos años el movimiento de la música antigua históricamente informada. Aclaramos de paso que nuestro protagonista de hoy es un sólido multi-instrumentista, pues además de sus estudios de piano, violín y su práctica como organista titular del Seminario de Lugo, tocó la viola en la Orquesta de Santiago, en los 80; con ese bagaje, no extraña verlo en el Grupo a cargo de la zanfona o tocando una fídula, además de ejercer como eficaz director, y arreglista de las propias versiones que interpretan.

Quien esto escribe tuvo la suerte de vivir de cerca el proyecto de construcción de los instrumentos del Pórtico. Con el patrocinio de la Fundación Barrié de la Maza y en colaboración con el recientemente desaparecido P. José López-Calo, Carlos Villanueva concibió y gestionó el grueso de un proyecto que tuvo un amplio impacto social y mediático. Los trabajos se iniciaron en 1988 y concluyeron en 1990, con ecos hasta hoy día. Las actas de un congreso internacional celebrado en 1991, publicadas en castellano y en inglés en dos primorosos volúmenes (López-Calo, Villanueva: 1993), son el mejor testimonio.

En aquel encuentro pudimos escuchar, entre otras fuentes de aprendizaje, la docta palabra de Thomas Connolly acerca del simbolismo de los pórticos de las iglesias. Y justo en esos temas de carácter más especulativo se inserta también una brillante ponencia del Dr. Villanueva sobre la propia “imago musicae” del Pórtico de la Gloria. No faltaron solventes trabajos acerca de cuestiones codicológicas y notacionales. Pero el núcleo del proyecto se centraba en la idea de construir unos instrumentos que reprodujesen en madera los esculpidos en el Pórtico de la Gloria. Se montaron andamios para tomar medidas, se observaron los restos de policromía, se comprobó que las figuras tienen una calculada deformación (cuando se ven de cerca), introducida para que desde abajo se vean correctamente; se organizaron los correspondientes talleres de luthería y allí trabajaron hasta una decena de especialistas de reconocido prestigio, como Sverre Jensen, ocupándose cada uno de determinados instrumentos: arpas, fídulas, salterios, el organistrum…, siempre en la apolínea esfera de la cuerda. Todo un mundo se abría a los ojos de los investigadores, pues, aunque los instrumentos del Pórtico son muy realistas, no pueden aportar datos que interesan a los constructores, como, por ejemplo, si tienen alma o no (lo que afectaría a los tipos de tensión de las cuerdas), o cómo son de gruesas sus tapas, qué afinación tenían, etc. Pero lo cierto es que se construyeron y el profesor Villanueva, después de haber meditado sobre la “imagen de la música” del Pórtico, después de aplicar finamente los cuatro criterios de la exégesis bíblica a la lectura de esa escenografía de piedra, fue capaz de volver una vez más a la práctica y de encargarse, junto con su Grupo, de hacerlos sonar en Madrid y en varias otras capitales europeas en 1992, así como  en los Cloisters y el Metropolitan de Nueva York, representando a España en el V Centenario del Descubrimiento)

. Antes se habían presentado en Santiago, donde la presencia de la reina Sofía amplificó el ya fuerte impacto mediático que estaba teniendo el proyecto. Bien es verdad que, como sabemos por estar cerca de todo este proceso, no todos los instrumentos recién construidos daban buen resultado. El organistrum se resistió y creo que en algún concierto hubo que usar el que utilizaba el Grupo desde mucho tiempo atrás. Los instrumentos, aunque aparentemente acabados, necesitaban un período de rodaje. Y hubo otros detalles de interés en este punto, que exponemos en palabras del propio Carlos Villanueva procedentes de un correo: “el haber optado por maderas jóvenes llevó a un deterioro rápido de los prototipos, con el problema añadido de tener que adaptarnos a instrumentos totalmente desconocidos para nosotros. TODOS los instrumentos que hoy circulan, y los que usamos en el 95, son de segunda o tercera generación. Los originales están en las vitrinas de la Fundación”. La alusión al 95 se refiere a la fecha del disco Os sons do Pórtico, patrocinado igualmente por la Fundación Barrié de la Maza y que ya va por la cuarta edición. La experiencia acumulada le ha permitido tener un papel asesor en otros proyectos, como el de los instrumentos de San Martín de Noya (en la estela de los del maestro Mateo) , de Rodrigo Romaní, que se presentará en agosto.

Y hablando del organistrum y su rodar y rodar, concluyo con un recuerdo personal. Habíamos organizado en la Universidad de Oviedo un seminario sobre música antigua donde el profesor Villanueva llevaba la mayor carga. Fueron unos días muy provechosos en los que pudimos abordar temas muy interesantes, como la propia preparación de los materiales que han de tener en sus atriles los intérpretes de un grupo de música antigua. De una cantiga, por ejemplo, solo se conserva la melodía con su texto, así que si queremos interpretarla con voz e instrumentos hay que establecer ciertos criterios. Este tipo de arreglos es crucial en la música antigua y es preciso tomar muchas decisiones, algo en lo que Carlos Villanueva tiene mucha experiencia. El caso es que todos los asistentes podían cantar y algunos tenían instrumentos modernos de cuerda y de percusión. Leímos alguna página del Calixtinus sin más pretensiones que probar algunas combinaciones tímbricas, el juego de las repeticiones, la alternancia de la voz y los instrumentos, etc. Pero Carlos Villanueva había traído el organistrum, el instrumento que en un manuscrito del Hortus deliciarum de la abadesa medieval Herrada de Hohenbourg figura en una miniatura como ilustración de la Música en tanto que arte liberal, es decir, en términos especulativos. Villanueva me pidió que me encargase de la manivela del organistrum y que lo hiciese con continuidad y sin brusquedades, mientras él hacía la parte realmente interpretativa con los correspondientes tiradores. Recuérdese que el organistrum culmina la escena del Pórtico de la Gloria y que lo tocan dos ancianos del Apocalipsis. Y allí sentí esa sensación de continuum, de sonido interminable que parece hablarnos del orden cósmico y que está presente en todos los instrumentos que poseen sistemas de notas pedal, bordones o roncones, así como en muchas sociedades tradicionales de todo el mundo. Por eso Jean-Pierre Van Hees subtitula su enciclopédico libro sobre las cornamusas como "el infinito sonoro”. 

Este solo es uno de los muchos recuerdos que conservo de Carlos Villanueva, pues si tuviese que glosar su figura a modo de “bioblbliografía” académica, necesitaría muchas más páginas. En efecto, sus trabajos sobre los villancicos gallegos, sobre Vaquedano, los estudios con Joám Trillo en torno a algunas catedrales gallegas, los agudos análisis acerca de la música en Alejo Carpentier, sus tesis dirigidas, sus valiosas estancias en la Universidad de Pennsylvalnia, la novedosa y necesaria reconsideración de Víctor Said Armesto, la reflexión sobre música y nacionalismo o la música y la emigración, entre otros más, mostrarían más al completo las ricas facetas de su perfil intelectual.

Carlos Villanueva ya tiene setenta años. Y eso imprime carácter. Hay algo de solemne y hasta de venerable en esa edad. No en balde, el sabio Macrobio consideraba que aquel que pasa de setenta tiene pleno derecho a vivir “consagrado solamente al ejercicio de la sabiduría”. Y como nuestro musicólogo está en la plenitiud de sus capacidades intelectuales. Imaginamos que, pese a su jubilación, la Universidad de Santiago, a la que tanto dio, sabrá contar con él como mejor proceda para no perderse lo mucho que aún es capaz de aportar.

Que el oro de su galardón simbolice el esplendor de una nueva y fructífera etapa en la vida del Dr. Villanueva.

 

Foto cortesía de Carlos Villanueva Jr.