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lunes, 7 de marzo de 2016


Dediqué una de las primeras entradas de este blog a Daniel Moro (la del 28 de septiembre de 2015, exactamente) con la idea de dejar testimonio del excelente momento que supuso la defensa de su tesis doctoral sobre el compositor Carmelo A. Bernaola. Era la culminación de años de estudio y maduración en el mundo de la musicología. Señalaba entonces que el de Daniel “es un caso de progresión académica muy notable, pues le vimos pasar de una primera etapa en la que tuvo que buscar las herramientas adecuadas, con no poco esfuerzo, a otras fases en las que dichos recursos fueron manejados con extrema soltura”. En suma, que le vi crecer como universitario e investigador.
Y ahora comparece de nuevo en este sitio porque procede felicitarle y dar cuenta de un reciente reconocimiento relacionado con dicha tesis: el Premio de Investigación Musical “Orfeón Donostiarra-Universidad del País Vasco”. Este galardón fue creado para reconocer trayectorias y realizaciones muy relevantes en la creación musical y en la investigación musical. En virtud de esas dos vertientes del Premio, también lo ha obtenido la histórica Banda de Música de Errentería. Además, hubo un accésit a la investigadora Mercedes Albaina.
El acto de entrega del premio tendrá lugar el viernes 11 de marzo, a las 19:00 horas, en el auditorio del Edificio Ignacio María Barriola, del Campus de la Universidad del País Vasco de Guipúzcoa (Donostia-San Sebastián).
Nos consta que el jurado ha tenido en cuenta el propio análisis musical de la obra de Bernaola, realizado en buena medida desde la Pitch-Class Set Theory, la clarificación de las influencias nacionales e internacionales del compositor vasco (Goffredo Petrassi, Bruno Maderna y Sergiu Celibidache, entre estas últimas); y la novedosa exposición del contexto histórico y musical español a partir de los años 50.
No es la primera vez que este prestigioso premio recae en un musicólogo formado en la Universidad de Oviedo. Años atrás lo recibió la investigadora vasca Itziar Larrinaga, que también fue licenciada en Musicología, becaria y doctora por la Universidad de Oviedo tras la lectura de su espléndida tesis sobre el maestro Francisco Escudero, que también mereció el Premio Extraordinario de Doctorado de la propia universidad. Y, dicho sea de paso, no hay una sola ocasión en que la hoy reconocida musicóloga sea entrevistada en los medios y no tenga palabras de cariño hacia la institución académica que la formó y el grupo de investigación (Diapente XXI) que la acogió y contribuyó a fundar.
Por último —hasta que Daniel Moro nos dé una nueva y grata sorpresa musicológica— y meramente a título informativo, se reproducen unas líneas del su currículum:
“Nacido en Oviedo, 1983, Daniel Moro Vallina es doctor en musicología por la Universidad de Oviedo y titulado en grado superior de piano por el Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias. Beneficiario de una beca FPU del Ministerio de Educación, ha sido miembro del Grupo de Investigación Diapente XXI y del Proyecto I+D “Música y cultura en España en el siglo XX: discursos sonoros y diálogos con Latinoamérica”, dirigido por Celsa Alonso González. Entre sus publicaciones se encuentran artículos de investigación en las revistas Musiker, Cuadernos de música iberoamericana e Il Saggiatore Musicale. Actualmente es profesor colaborador en el Máster Universitario en Investigación Musical de la Universidad Internacional de La Rioja”.
¡Enhorabuena, Dani!

lunes, 28 de septiembre de 2015

Tesis de Daniel Moro sobre Bernaola

Se le hace difícil a uno recordar un mes de julio tan ajetreado como el de 2015. Afortunadamente se cerró a nivel académico con el acto de defensa de la tesis doctoral de Daniel Moro, el día 27. Fue una magnífica sesión universitaria —con Yvan Nommick, Julio Ogas y Belén Pérez Castillo en el tribunal— en la que culminó un trabajo que había comenzado cuatro años antes, cuando Daniel obtuvo una beca predoctoral para realizar la tesis.
El de Daniel es un caso de progresión académica muy notable, pues le vimos pasar de una primera etapa en la que tuvo que buscar las herramientas adecuadas, con no poco esfuerzo, a otras fases en las que dichos recursos fueron manejados con extrema soltura.
Centrada en la figura de Carmelo A. Bernaola, su tesis desvela la cocina compositiva del creador vasco, con un uso muy inteligente del análisis mediante la PC Set Theory, el análisis textural y con algunas incursiones en el mundo de la intertextualidad. Bernaola está muy estudiado, si juzgamos por los libros que hay sobre él, pero nunca lo había sido de este modo.
Por si fuera poco, el estudio del contexto es muy sólido, con muchas novedades que habrán de ir saliendo a la luz en futuras publicaciones. Otro de sus logros es que no se refiere a las obras primerizas de Bernaola mencionando simplemente las influencias evidentes que presenta sino indagando de qué manera Bartók, Maderna o Petrassi han pasado a su bagaje.
Puedo asegurar que en casos como el de Daniel Moro los esfuerzos que como director pude haber realizado han quedado compensados con creces. ¿Qué más se puede pedir?
En 1981 se celebró en la Sociedad Filarmónica de Oviedo un concierto homenaje a Béla Bartók en el centenario de su nacimiento. Un trío —en el que Carmelo Bernaola, nombre ilustre de la Generación del 51, tocaba el clarinete— interpretó, entre otras, obras de Bartók y una del propio Bernaola. Fue un concierto singular, de los que hacen historia, pero no gustó a buena parte del público.
Bartók había estado cincuenta años antes en la Filarmónica. Gerardo Diego, a la sazón profesor en Gijón, realizó una bella presentación del músico. Por supuesto, muchas de las composiciones interpretadas eran del creador húngaro. Creo haber leído que lo llevaron a cenar fabada y que Bartók pudo escuchar una muestra de canción asturiana. Parece que la burguesía ovetense de los años treinta supo estar a la altura de las circunstancias, al menos con respeto. ¡Qué hermosa crítica la de S. Magdalena en La Voz de Asturias! Sin embargo, el público del concierto de 1981 no lo estuvo. Aún recuerdo los murmullos de desaprobación, especialmente dirigidos hacia la obra de Bernaola, el Homenaje a Bartók, que tiene la misma plantilla que la bartokiana Contrastes. Cuando se dice que Oviedo ama la música clásica no se exagera, pero de ahí a entusiasmarse en 1981 con Bartók o con Bernaola hay mucho trecho que recorrer, muchos prejuicios que superar y mucho canon estético que modificar.