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jueves, 15 de diciembre de 2016

Emilio Casares, Medalla de Oro de Bellas Artes (y 2)



Se publica hoy la segunda entrega de esta pequeña serie que analiza algunos de los primeros momentos de la trayectoria del profesor Emilio Casares, galardonado días atrás con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Conviene señalar un hecho que probablemente se les escape a los jóvenes profesores de Musicología de la Universidad española. Hoy día, allí donde existen este tipo de estudios (con el desafortunado nombre de Hª y Ciencias de la Música en la mayoría de las universidades, menos en la Autónoma de Barcelona, donde se denomina “Musicología”), todo lo que tiene que ver con la dotación de plazas, redacción de planes de estudio y demás, en nada difiere de lo que ocurre en otras disciplinas. Sin embargo, esto sólo es así desde hace unos pocos lustros.
¿Cómo se llegó a á actual situación? Pues, o mucho me confundo o lo cierto es que la Extensión Universitaria tuvo un papel decisivo en este proceso. El profesor Emilio Casares recorrió esta ruta con auténtico entusiasmo y no conviene olvidarlo ni siquiera en un modesto comentario como el presente. Por esa razón, uno de los epígrafes de la semblanza del musicólogo que en su versión íntegra se cita abajo, reza así: “la Extensión Universitaria: llave del futuro”.
***

A fines del siglo XIX y principios del XX los aires regeneracionistas del krausismo circularon en la Universidad asturiana, especialmente en el seno del llamado Grupo de Oviedo, con figuras como Rafael Altamira, Leopoldo Alas Clarín o Fermín Canella, entre otros. La Extensión Universitaria ovetense fue una de las banderas de aquella modesta pero inquieta institución y está reconocido su carácter pionero en el conjunto de la universidad española.
Un hombre dinámico como el joven Casares no podía quedar limitado a la docencia y a la investigación, planos en los que por otra parte llevaba una carrera brillante, lo mismo que lo fue su recorrido en el escalafón académico. En esos años llevaría a cabo una serie de actividades que actuaron como un revulsivo sobre la vida musical del Principado y, lo que no es menos importante, facilitaron el incremento de la música en las aulas universitarias, hasta llegar a la histórica puesta en marcha de la Especialidad de Musicología en el curso 1985-86, primera en su género (y durante años única) en la universidad española.
Imposible enumerar las actividades de Extensión Universitaria impulsadas por el profesor Casares desde mediados de los 70 (numerosos cursillos de Extensión, cursos de verano, más tarde, ya en momentos en los que empezaba uno a desarrollar su vida académica al lado de Emilio Casares, los llamados “Conciertos de otoño” y “de invierno”, pero a modo de cifra de todas ellas nos referiremos a las Semanas de la Música, creadas en mayo de 1975 y que constituyeron toda una primavera musical.
En las primeras ediciones de las Semanas se celebraban unas conferencias (previas a los conciertos) en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras, entonces en la Plaza de Feijoo. Por allí pasaron musicólogos como José Lóprz-Calo, Antonio Martín Moreno, Francesc Bonastre y otras personalidades de la música, como el compositor Tomás Marco o Francisco Vizoso, valioso crítico musical del diario gijonés El Comercio. Dos de estos ciclos —que, como los propios conciertos, iban recorriendo los diversos períodos de la Historia de la Música— fueron recogidos en sendos libros, los primeros coordinados por el profesor Casares.
La III y la IV Semana (1977 y 1978) estuvieron dedicadas a presentar las recuperaciones de la música conservada en la Catedral de Oviedo, que estaba siendo estudiada y transcrita por Emilio Casares. Marcaron un punto de inflexión. Fueron un éxito y se vio que la ciencia de la música era capaz de devolver a la sociedad algo de aquel valioso patrimonio, bien custodiado en el archivo catedralicio, sin duda, pero apenas existente para el común de los ciudadanos. Esta línea de investigación sobre las músicas catedralicias (de Oviedo y León) se cerraría en la práctica pocos años después.
La capacidad de “transferencia a la sociedad”, como se dice y se exige hoy, había empezado a formar parte de la personalidad científica del profesor Casares y así sigue siendo hasta la misma hora de escribir estas líneas. El marco no pudo haber sido más adecuado: la hermosa y biensonante capilla del antiguo Hospicio (Hotel de la Reconquista), diseñada por Ventura Rodríguez y realizada por Manuel Reguera en el siglo XVIII. ¡Qué bien sonaban allí aquellas músicas de Furió y de Lázaro, por citar a dos de los grandes maestros de capilla de la Catedral de Oviedo!
El paso de las “semanas” a lo que, tras algunas dudas y variantes en la denominación, acabó siendo el Festival Internacional de Música y Danza de Asturias se inició en la octava edición. La danza ganó protagonismo y se sumaron al evento nuevas localidades asturianas. En esos festivales hubo grandes orquestas y solistas, estrenos varios, óperas a cargo de compañías del Este de Europa (modestas pero equilibradas) que abrieron el género a sectores juveniles y populares muy distintos a los habituales. Además de los programas de mano sueltos se editaba un cuidado libro con toda la información y artículos incluso de tinte musicológico.
Si la ciudad de Oviedo goza en el siglo XXI de una llamativa oferta musical ello es así, en buena medida, por el desarrollo de la Extensión Universitaria capitaneado por Emilio Casares, iniciativa que dio savia nueva a una tradición melómana que ya era consustancial a la ciudad (Sociedad Filarmónica, Temporada de Ópera…) y que supo amplificar su discípulo Luis G. Iberni hasta su fallecimiento en 2007.

Foto:
El rey Felipe VI, acompañado de la reina Letizia, con algunos de los galardonados (entre ellos el profesor Emilio Casares) con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. De las fotos oficiales del acto.

Referencia:
Ángel Medina: “La musicología en acción del profesor Emilio Casares”. Allegro cum laude. Estudios musicológicos en homenaje a Emilio Casares. Ed. María Nagore / Víctor Sánchez. Madrid, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 2014, pp. 17 – 27).

jueves, 8 de diciembre de 2016

Emilio Casares, Medalla de Oro de Bellas Artes (1)

El pasado lunes, 5 de diciembre, el profesor Emilio Casares recogió en San Sebastián —de manos del rey Felipe VI— la Medalla de Oro al Mérito en las  Bellas Artes que le había sido concedido justo un año antes. No fue el único galardonado del ámbito musical, pero sí el único musicólogo (y ya eso es todo un logro para la disciplina), hecho que me brinda una nueva oportunidad de hablar de alguien a quien considero maestro y amigo desde hace muchos años.
Precisamente este blog se inauguró con una pequeña parte de las palabras que había pronunciado uno con motivo del homenaje que la Universidad de Oviedo le tributó a Emilio Casares cuando le dio su nombre al Seminario de Musicología. Después, vieron la luz en el libro-homenaje que la Complutense dedicó al musicólogo a raíz de su jubilación.
Y como el texto citado es una semblanza humana y profesional, perfectamente legible por cualquiera, me permito refundir aquí (en dos o tres entradas) parte de su contenido. Es mi manera de celebrar, desde El otro a ratos, tan merecido galardón.
Omito todos los detalles de su formación analizados en la semblanza mencionada (estudios con los Padres Paúles, conservatorios, etc.,) para situarme ya en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo, con la carrera concluida en 1971 y donde varios profesores repararon en sus cualidades. En especial, el catedrático Carlos Cid Priego, fundador de los estudios de Historia del Arte en la Universidad de Oviedo y buen aficionado a la música.
Cuando Emilio se licencia le anima a preparar una memoria de licenciatura o tesina, paso imprescindible para poder presentar posteriormente una tesis. Lo que nos interesa es que la tesina le llevó a una estancia decisiva en Glasgow, al lado de su esposa, donde ambos impartieron clases de español y donde el recién licenciado tuvo su primer contacto con la Musicología como alumno-asistente en las clases que había de la materia en aquella Universidad. Estamos en los albores de una vocación que acabaría transformando la dinámica de la musicología hispánica.
Varias cartas de los primeros meses de 1972, dirigidas por Cid a Casares, son interesantes por diversos conceptos. Carlos Cid se revela en estas misivas como un profesor preocupado por dar a los estudios de Historia del Arte un sesgo moderno, aunque sin esnobismos, que distanciasen esta disciplina de los modelos decimonónicos que él todavía había tenido que padecer. “Para mí —escribe Cid— encontrar un alumno que tire adelante muy bien y muy en serio es vital”. En esta misma carta le habla de la asignatura del curso siguiente: “Piensa que la asignatura del año que viene se llama ‘Musicología e Iconografía’, lo que significa un tercio de iconografía y dos tercios de música” (Carta de 19/2/1972). La mezcla puede sonar (y suena) un tanto anómala, pero así eran las cosas. De hecho, López-Calo destaca en algunos de sus escritos esta rareza pero también la novedad del término “musicología” en el título de una asignatura. Lo cierto es que resultó todo un logro en el contexto universitario español. La asignatura, en efecto, se impartió (aunque no se mantuvo en los siguientes planes) y tuvo amplia aceptación, gracias en buena medida a las dotes comunicativas del joven profesor.
Los proyectos de Carlos Cid sobre la presencia de la Música en los estudios de Historia del Arte y los anhelos del propio Emilio Casares eran plenamente convergentes. Con todo, el proceso no fue en absoluto un camino de rosas. Cid advierte al discípulo en la misma carta de que en la Universidad no se recibe demasiado bien a nadie y asegura que hay “una oposición feroz a la música y a todo cuanto sea moderno”.
Lo bueno del caso es que, supuestos rechazos al margen, se sentaron las bases para un crecimiento futuro de la disciplina. Esto se produjo a partir del curso 1977-78 con la presencia de dos asignaturas de Historia de la Música, una en 4ª y otra en 5ª curso, en la Especialidad de Hª del Arte de los nuevos planes. Asignaturas, dicho sea de paso, que permanecieron muchos años —incluso parcialmente en el Grado en Historia del Arte vigente en la actualidad— y que eran obligatorias y de curso completo.
[CONTINUARÁ]

Foto:
El rey Felipe VI, acompañado de la reina Letizia, entrega el galardón al profesor Emilio Casares. De las fotos oficiales del acto.

Referencia:
Ángel Medina: “La musicología en acción del profesor Emilio Casares”. Allegro cum laude. Estudios musicológicos en homenaje a Emilio Casares. Ed. María Nagore / Víctor Sánchez. Madrid, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 2014, pp. 17 – 27).